El empleo se reactiva con lentitud y complica los planes de gasto de Biden

Javier AnsorenaSEGUIRCorresponsal en Nueva York
Actualizado:04/06/2021 21:51h
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Buena parte de la agenda política de Joe Biden para su primer año en la Casa Blanca estaba este viernes pendiente del dato de empleo de mayo. El presidente de EE.UU. tiene como gran objetivo sacar al país de la crisis sanitaria y económica de la pandemia de Covid-19, y aprovechar la segunda para implementar un programa de gasto ambicioso en infraestructura y bienestar social.

El estado del mercado laboral tiene la posibilidad de descarrilar los planes de Biden –más gasto, más impuestos a empresas y rentas altas– y la temperatura que dio ayer fue tibia: la principal economía global sumó 559.000 empleos en mayo, una señal de que la recuperación avanza, pero a ritmo lento. Tras el decepcionante dato de abril, en el que se añadieron 278.000 puestos de trabajo –muy por debajo de estimaciones que apuntaba incluso a un millón–, los registros de mayo tampoco han llegado a las expectativas, que estaban entre 650.000 y 700.000 empleos adicionales. Con todo, el paro se colocó en el 5,8%, su nivel más bajó desde que la pandemia arrasó el mercado laboral en marzo y abril del año pasado.

El avance es el último síntoma de que EE.UU. está dejando detrás la crisis, con una economía empujada por la campaña de vacunación –el 63% de los adultos de EE.UU. han recibido al menos una dosis–, la caída de los contagios y las hospitalizaciones y el consiguiente levantamiento generalizado de restricciones. Gran parte del empleo recuperado se debe a restaurantes, bares y servicios de comida –186.000 empleos más–, que se aprovechan del regreso de los clientes y muchos negocios cerrados han reabierto sus puertas.

Pero la reactivación es probablemente más lenta de lo esperado a estas alturas, cuando buena parte de la crisis sanitaria parece ya controlada en EE.UU. Todavía no se han recuperado 7,5 millones de empleos perdidos al comienzo de la pandemia. A este ritmo, el mercado laboral del país no volverá a los niveles de febrero del año pasado hasta julio de 2023. Y las previsiones de los analistas apuntan que, incluso si el ritmo se acelera, no se recuperará todo lo perdido hasta el año que viene.

Biden prefiere ver el vaso medio lleno. O, mejor dicho, camino de llenarse por completo. «EE.UU. vuelve a estar en marcha», dijo este viernes en un discurso dos horas después de que conocerse el dato de empleo, que celebró como una «gran noticia para nuestra economía, para nuestra recuperación y para el pueblo estadounidense» y como la prueba de estar «en el camino correcto».

«No hay ninguna otra gran economía del mundo que crezca tan rápido», dijo sobre EE.UU., cuyas previsiones de crecimiento según la OCDE son del 6,9% para el año que viene, «el ritmo más rápido en casi cuatro décadas», apuntó. «Nuestro plan está funcionado y no lo vamos a abandonar ahora», dijo para reivindicar su gestión y, sobre todo, para vender a los estadounidenses una vez más sus programas de gasto.

Los republicanos, sin embargo, vieron el dato de empleo con una luz muy distinta al optimismo de Biden. «Otro mal dato de empleo», reaccionó el diputado Steve Scalise, uno de los líderes de la minoría republicana en la Cámara de Representantes. «Esto es lo que pasa cuando pagas a la gente para que no trabaje, ¿qué esperaban los demócratas?».

Subsidios a los parados

Scalise hacía referencia al mantenimiento de subsidios de desempleo adicionales a nivel federal –300 dólares por semana– en el paquete de rescate que Biden impulsó nada más llegar a la Casa Blanca. Entre los factores que explican la lentitud en la recuperación del mercado laboral está el miedo que persiste a contagiarse con el virus, la necesidad de cuidar a los niños durante una época en la que no ha habido clases o los cambios de expectativas de los trabajadores en su vuelta a la actividad. Casi la mitad de los propietarios de pymes aseguraron que tienen vacantes sin ocupar en sus empresas, según una encuesta de la Federación Nacional de Negocios Independientes.

Pero muchos –en especial, los rivales republicanos de Biden– apuntan a la persistencia esos subsidios de desempleo como desincentivadores del regreso al trabajo. Y otros ven en los planes de Biden un obstáculo para que la recuperación se afiance.

«El paro de largo recorrido es más alto que en el comienzo de la pandemia y la participación del sector laboral se parece a la del estancamiento de la década de 1970», criticó el republicano Kevin Brady. «Es hora de que el presidente abandone sus ataques al empleo, sus aumentos de impuestos, sus regulaciones contrarias al crecimiento y su obsesión por gastos de emergencia y los interminables cheques gubernamentales».

No son buenos augurios para que Biden encuentre apoyos en la bancada republicana para sus planes de infraestructura y bienestar. Hoy mismo se reunió con la senadora republicana Shelley Moore Capito, la encargada por su grupo en el Congreso para llevar las negociaciones al respecto con la Casa Blanca.

Este mismo miércoles, Capito acudió a la residencia presidencial para tratar el asunto con Biden, que dio muestras de estar dispuesto a rebajar sus pretensiones de gasto en infraestructuras, que en su diseño inicial tiene un monto de más de dos billones de dólares y que si se suma al plan de bienestar –cobertura médica, deducciones fiscales por hijos, bajas médicas y de maternidad– alcanza casi los cuatro billones de dólares.

Los demócratas, sin embargo, propulsados por el ala izquierdista del partido, presionan a Biden para utilizar sus minorías exiguas en el Congreso y aprobar los planes de gasto sin concesiones y sin apoyos republicanos, al contrario de lo que el presidente prometió al llegar a la Casa Blanca.

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