Francia se retira del Sahel y deja abiertas las puertas a los mercenarios rusos

Francia se retira militarmente de Mali, pero insiste en la necesidad, nacional y europea, de «replantear» la lucha contra el crecimiento amenazante de las bandas y «familias» terroristas/yihadistas, cuando los mercenarios rusos agravan la desestabilización de la inmensa zona de Sahel, estratégica para la seguridad del Magreb y Europa.

Durante los ocho largos años de presencia militar francesa y europea en Mali y los países vecinos, Mauritania, Burkina Faso, Niger y Chad, los soldados franceses han abatido a más de un millar de terroristas islámicos, entre los que se encontraban varios dirigentes de grupúsculos yihadistas. Sin embargo, algunos como el Estado Islámico del Gran Sahara (EIGE), Al Qaida del Magreb islámico, Boko Haram, el Movimiento para la Yihad

 en África del Oeste, el Grupo de apoyo al islam y los musulmanes, entre otros, no han dejado de crecer y multiplicar sus acciones desestabilizadoras en toda la región.

La instalación en Mali del grupo de
mercenario rusos Wagner, dirigido por un amigo personal de Vladimir Putin, complica y agrava la crisis de fondo, que Jean-Yves Le Drian, ministro francés de Asuntos Exteriores analiza de este modo: «No puedo creer que Vladimir Putin no esté al corriente y no sea consciente de lo que está ocurriendo en el corazón de África. Los mercenarios son antiguos soldados rusos, transportados por aviones rusos, usando armas rusas. Teniendo en cuenta las informaciones más que sensibles con las que cuenta Putin no es difícil sacar las consecuencias de la presencia de los mercenarios rusos en Mali, cuando las tropas rusas están maniobrando en las fronteras de Ucrania».

Modernizar la OTAN

Sin ligar expresamente la crisis ucraniana y la crisis de Sahel, Le Drian ha repetido en varias ocasiones y mucha insistencia el mismo análisis: «Ha llegado el momento de modernizar y actualizar la seguridad de Europa, ante la evidencia de las presiones y amenazas rusas». Cuando Le Drian habla de modernizar el sistema de seguridad europeo se está refiriendo a la reforma de la OTAN, la creación de un «pilar europeo» de la Alianza, y, al mismo tiempo, a la urgencia de «repensar» colectivamente la inseguridad y amenaza terrorista/yihadista en Sahel, en las fronteras de Mali, Mauritania, Burkina Faso, Niger y Chad.

Se trata de conflictos distintos, no comparables, que coinciden en el tiempo. Emmanuel Macron insiste en la necesidad de reformar la OTAN desde el mes de septiembre de 2017. La crisis ucraniana ha dejado al descubierto la urgencia de un proceso sin cesar aplazado. La crisis de Sahel, la retirada de las tropas francesas de Mali, coincide en el tiempo, recordando la evidencia: los Estados subsaharianos viven en una situación de precariedad absoluta, víctimas de la guerra permanente de media docena de grupúsculos yihadistas.

En Mali, la retirada de los 5.100 soldados franceses confirma el rechazo antifrancés, antieuropeo, cuando los mercenarios rusos se han convertido en la guardia pretoriana de los militares golpistas.

En Burkina Fasso ha crecido, desde hace años, una hostilidad apenas velada hacia la presencia militar europea en la región, facilitando la penetración de los grupúsculos yihadistas.

Níger sigue siendo un aliado fiel de Francia y la UE. Pero debe afrontar colosales problemas económicos, sociales y políticos, acosado por cuatro grupos yihadistas: el Grupo de apoyo al islam y los musulmanes, el Estado islámico del gran Sahara, el Estado islámico del África del oeste y Boko Haram. Sin el apoyo de Francia y la UE, Níger caería con rapidez en un torbellino de conflictos ensangrentados.

Distintas percepciones

En Chad, la presencia militar francesa es percibida históricamente con flecos coloniales. Y la colaboración militar está amenazada por conflictos internos.

En Mauritania, el islamismo radical es una amenaza permanente. Un estado frágil que solo puede sobrevivir gracias a las ayudas exteriores …

Desde la óptica francesa, ese rosario de crisis regionales, a las puertas del Magreb y del Mediterráneo es una amenaza estratégica para Europa. La experiencia militar en Malí confirma que Francia quizá no pueda afrontar, en solitario, esa amenaza global y regional. De ahí los intentos de Emmanuel Macron y su ministro de Asuntos Exteriores, Le Drian, de insistir en la necesaria concertación y cooperación europea. En Sahel, como en Ucrania, Francia choca contra los mismos obstáculos.

Grecia, Italia, Portugal y España perciben la realidad de los riesgos de desestabilización en todo el Magreb. Por el contrario, Alemania y la Europa del este perciben esa amenaza de manera mucho más lejana.

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