China desafía a Occidente con la mayor incursión de aviones militares en Taiwán hasta la fecha

Jaime SantirsoPekín
Actualizado:16/06/2021 19:19h
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Las críticas de la comunidad internacional, reflejadas en los
comunicados emitidos en días precedentes por los miembros del G-7 y la OTAN, no han amedrentado a China. Para demostrarlo, a las palabras de repulsa de su Gobierno se sumaron este miércoles 28 aviones militares irrumpiendo en la zona de identificación para la defensa aérea (ADIZ, por sus siglas en inglés) de Taiwán. Nunca antes un escuadrón tan numeroso había sobrevolado las proximidades de la isla.

Veinte cazas, cuatro bombarderos capaces de transportar armas nucleares y varias aeronaves de alerta temprana y guerra submarina formaron parte de la incursión, según detallaron las fuerzas armadas de Taiwán por medio de un texto oficial.

Este tipo de gestos belicosos se han vuelto habituales en los últimos meses, a medida que China redobla la presión militar sobre el territorio vecino. Se trata, de hecho, de la cuarta vez este mes que aviones chinos franquean el ADIZ taiwanés. Hasta ahora, el récord estaba en los 25 que el pasado mes de abril realizaron una batida similar.

Apenas 130 kilómetros de agua salada separan a Taiwán del continente. China nunca ha renunciado a la anexión por la fuerza de lo que considera una provincia rebelde, mientras que la legislación de Estados Unidos obliga al país a defender la isla ante una hipotética invasión.

«La independencia de Taiwán significa guerra», sentenciaba a principios de este año Wu Qian, portavoz del ministerio de Defensa del gigante asiático. El último informe de la Academia China del Estrecho, publicado en mayo, alertaba de que la probabilidad de un conflicto armado ha alcanzado «máximos históricos».

La respuesta de Washington

EEUU, por su parte, ha respondido con un creciente reconocimiento diplomático. Alex Azar, entonces secretario de Sanidad, visitó Taiwán en agosto del año pasado encabezando la delegación estadounidense de mayor peso político desde 1979, año en que dejó de reconocer la soberanía del territorio. Un viaje que fue calificado por China como «una amenaza para la paz».

La semana pasada, asimismo, una delegación del Senado aterrizó en la isla para hacer entrega de una donación de 750.000 vacunas contra el Covid-19.

A todo ello se suman las declaraciones realizadas este martes por el designado para ocupar el principal cargo diplomático estadounidense para Extremo Oriente, según el cual Washington debería desarrollar su relación con Taiwán en cualquier sector. Daniel Kritenbrink indicó que es muy importante para EE.UU. demostrar su resolución y compromiso para cumplir sus «sólidas obligaciones» con la isla frente a la presión de Pekín.

«Es nuestro deber desarrollar más nuestra robusta relación con Taiwán en cada sector», afirmó Kritenbrink en una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores sobre su nominación para convertirse en secretario de estado adjunto para Asia oriental, según recoge Reuters.

Retos ‘sistémicos’

En su comunicado del pasado domingo, el G-7 remarcaba «la importancia de la paz y estabilidad en el estrecho de Formosa y la resolución pacífica de los problemas». Nunca antes el organismo había hecho referencia expresa a Taiwán.

Tampoco fue esta la única advertencia dirigida a China. El grupo de siete grandes potencias mundiales denunciaron igualmente las violaciones de derechos humanos en la región de Xinjiang, la erosión de la autonomía de Hong Kong y reclamaron una investigación sobre los orígenes de la pandemia en Wuhan. Un día más tarde, la OTAN advirtió de que «las ambiciones declaradas y el comportamiento asertivo de China presentan riesgos sistémicos contra el orden internacional basado en leyes».

El Gobierno chino no se mordió la lengua a la hora de responder. «Los comunicados mencionan Hong Kong, Taiwán, Xinjiang y el mar del Sur de China. Esto supone una interferencia en asuntos domésticos y una grave violación», protestó Zhao Lijian, portavoz de Exteriores, durante su rueda de prensa diaria. «Vivimos un tiempo multipolar con mayor democracia en relaciones internacionales, lejos quedan los días en que unos pocos países podían dictar el rumbo del mundo». Y concluyó: «Nunca olvidaremos el bombardeo de la embajada de China en Yugoslavia. La OTAN tiene una deuda de sangre con China». Una deuda que, quizá, comience a cobrarse en Taiwán.

A la tensión en torno a esta isla se añade la preocupación en Occidente por la situación en Hong Kong, donde Pekín estrecha cada vez más el cerco a lo que queda de oposición democrática en la antigua colonia británica, especialmente tras la aprobación de la controvertida Ley de Seguridad Nacional.Uno de los últimos episodios en la deriva autoritaria ha sido imponer la censura en el territorio hongkonés a las películas que, precisamente, sean consideradas por las autoridades como una «amenaza para la seguridad nacional».

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