Alta abstención en los comicios amañados por el régimen iraní

Mikel AyestaranJerusalén
Actualizado:18/06/2021 19:28h
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Irán eligió nuevo presidente en unas elecciones en las que los votantes expresaron su malestar con el régimen islámico con una fuerte abstención. A pocas horas del cierre de los centros de voto la participación no llegaba al 40 por ciento, según datos de la agencia Fars, en unos comicios en los que el clérigo conservador Ebrahim Raisi es el claro favorito para suceder a Hasán Rohani, que tras completar dos mandatos no tenía opción a volver a presentarse. Todo apunta a que superará el 50 por ciento de los votos con holgura y será elegido presidente sin necesidad de una segunda vuelta. Los resultados no se conocerán hasta el sábado almediodía.

Los iraníes cierran la etapa de un gobierno moderado que desde la llegada de Joe Biden ha intentado resucitar el acuerdo nuclear roto por Donald Trump y abren una era en la que está en manos de los ultraconservadores, tradicionalmente críticos con los contactos con Occidente, seguir o no con el diálogo con Estados Unidos. Aunque en este tema la última palabra siempre la tiene el Líder Supremo, Alí Jamenei. De la recuperación de este acuerdo depende el nuevo equilibrio en Oriente Próximo.

Los sondeos habían anunciado una alta abstención después de tres semanas de campaña apática, de una selección de candidatos que dejó fuera a reformistas y moderados y del repunte de la pandemia. El Líder fue el primero en depositar su papeleta y no perdió la ocasión para llamar a los 59 millones de ciudadanos con derecho a voto a que acudieran a las urnas. «Votar es un deber cívico y hay que hacerlo lo antes posible. Todos los votos cuentan», señaló Jamenei ante los micrófonos de la televisión nacional.

Rohani acudió poco después y destacó que «las elecciones son importantes pase lo que pase y pese a los problemas debemos ir a votar», una alusión al descontento generalizado por la selección de candidatos por parte del Consejo de Guardianes. El ambiente que percibió en Teherán no le debió recordar a las elecciones de 2017, cuando resultó reelegido en primera vuelta con una participación del 73 por ciento, y por eso dijo ante las cámaras que «hubiera querido ver más gente».

En el sistema iraní, por encima de los partidos políticos, la escena se compone de dos grandes corrientes que hasta ahora habían mantenido cierto equilibrio desde el establecimiento de la república islámica de Jomeini en 1979. Los conservadores o ‘principalistas’ y los reformistas, que comparten su fidelidad a los principios revolucionarios aunque difieren en matices a la hora de la libertades individuales y la política exterior, han ido relevándose al frente del gobierno en un país en el que el verdadero poder está en manos del Líder Supremo, no del Ejecutivo. Esta alternancia daba una imagen de aparente democracia en las últimas cuatro décadas, pero se rompió en 2009 con la ‘revuelta verde’ que acabó con los dos líderes reformistas.

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