Trump regresa al ruedo electoral con la mirada puesta en 2024

Javier AnsorenaSEGUIR
Actualizado:03/06/2021 00:53h
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Donald Trump volverá este sábado a su escenario preferido: el baño de multitudes. Siete meses después de su derrota electoral en las presidenciales de 2020 ante Joe Biden, Trump será el plato fuerte de la convención del partido republicano de Carolina del Norte, su regreso a la caravana electoral.

La tradición es que los expresidentes se alejen del discurso político tras entregar las llaves de a Casa Blanca y se dediquen a definir su biblioteca presidencial, a involucrarse en iniciativas de corte social o a ser figuras autorizadas de su partido. Pero Trump fue un candidato no convencional, fue un presidente no convencional y es ya un expresidente no convencional. Su objetivo es controlar el partido, definir las elecciones legislativas del año que viene y, quizá, lanzarse a la aventura de una segunda candidatura presidencial.

Lo primero es un hecho. Trump ha impuesto en su partido el relato falso -no lo apoyaron ni los tribunales, ni su propio Departamento de Justicia- de que le robaron las elecciones porque convenció de ello a los votantes. Según una encuesta reciente de Reuters/Ipsos, el 63% del electorado republicano cree que Biden no fue el ganador legítimo.

Su ascendencia sobre el partido se vio casi de inmediato tras el asalto al Capitolio del 6 de enero, cuando una turba ‘trumpista’ trató de impedir la certificación de Biden como presidente, un episodio trágico y bochornoso para la democracia estadounidense. Muchos republicanos criticaron al todavía presidente, que había alentado a sus seguidores a luchar contra la certificación de resultados. Pero, ante la fuerza de Trump entre los republicanos, casi todos hicieron el camino de vuelta y respaldaron de una forma u otra al líder. El apoyo entre los legisladores republicanos al ‘impeachment’ de Trump fue mínimo y el respaldo a la purga de los pocos contrarios a Trump -como la diputada Liz Cheney, expulsada de su puesto de liderazgo en la Cámara de Representantes-, mayoritario.

En los primeros meses fuera de la Casa Blanca, Trump se ha mantenido como el gran líder del partido. Ahora necesita cimentar esa posición de cara a las legislativas del año que viene. El sábado, en el escenario de Greenville, se enfundará el uniforme de campaña -traje oscuro, corbata roja brillante- en el primero de varios mítines que le llevarán por todo el país para investir -o desvestir- a los candidatos republicanos. Se espera que en los próximos meses viaje, entre otros lugares, a Ohio, Georgia o Alabama para tener un papel protagonista en las primarias.

Trump necesita también los mítines porque se ha quedado sin altavoz. El veto de Twitter y Facebook tras el asalto al Capitolio ha silenciado sus mensajes. Comparte sus mensajes en su lista de distribución de correo electrónico, con mucho menos impacto que esas plataformas (su intento de sustituirlas con un blog en su web fue un fracaso, y esta semana ha dejado de funcionar). Sin ser candidato ni presidente, sus propuestas y ataques tienen mucha menos relevancia en los medios. Trump necesita tener más presencia en el ciclo de noticias y el contacto directo con el público le dará más visibilidad.

El expresidente se ha demostrado ya como una fuerza visible en las primarias de republicanos. Ataca a candidatos que no son de su cuerda e impulsa a los más leales. Pero las legislativas de 2021 serán la piedra de toque del poder político de Trump en el futuro: son una oportunidad magnífica para que los republicanos recuperen la Cámara de Representantes -la perdieron en 2018- y si lo consiguen con un protagonismo de Trump en la campaña, el expresidente irá disparado a las elecciones de 2024.

Solo un presidente ha perdido una reelección y ha regresado después para recuperar la Casa Blanca: Grover Cleveland, en 1892. Esa será la prueba definitiva de que Trump es diferente.

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