El activista bielorruso vuelve a prisión sin haberse recuperado de su intento de suicidio

Rafael M. MañuecoSEGUIRCorresponsal en Moscú
Actualizado:03/06/2021 13:41h
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El activista opositor bielorruso, Stepán Latípov, de 41 años, que el pasado martes
se autolesionó en el cuello con un bolígrafo en la misma sala del tribunal que lo juzgaba, ha sido enviado de regreso a la prisión sin haber tenido tiempo de recuperarse de la herida. Médicos independientes citados por fuentes opositoras creen que Latípov debería haber permanecido más tiempo en el hospital, pero la brutalidad del sistema carcelario del dictador Alexánder Lukashenko es implacable con quienes osan poner en cuestión su poder.

La información sobre el envío de nuevo a la cárcel de Latípov fue difundida el miércoles por el canal de televisión bielorruso STV. El parte médico oficial dice que, aunque estuvo ingresado menos de un día, «el paciente ha sido dado de alta del hospital, ya que su vida no corre ningún peligro». Aclararon también que el juicio contra él podría reanudarse ya el 10 de junio.

Latípov está envuelto en varias causas penales relacionadas con su participación en las acciones de protesta contra Lukashenko del año pasado, que estallaron tras constatarse que los comicios presidenciales del 9 de agosto de 2020 fueron manipulados y la victoria la obtuvo realmente Svetlana Tijanóvskaya, jefa de la oposición y exiliada actualmente en Lituania.

La vista del juicio contra el activista bielorruso discurría el martes en Minsk cuando éste, dentro de la jaula de los acusados, se subió a un banco y se clavó un bolígrafo en el cuello provocándose una abundante hemorragia. Tuvo que ser evacuado inmediatamente e ingresado en el hospital. Con anterioridad, Latípov había denunciado que los investigadores de la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado del Ministerio del Interior de Bielorrusia (GUBOPIK) le amenazaron durante los interrogatorios con que, si no admitía su culpabilidad, serían abiertas causas penales también contra sus familiares.

El opositor organizó en torno a sí a un grupo de personas para participar en las protestas. Creó para ello un chat en la red social Telegram y articuló la distribución de propaganda. Este grupo de activistas fue especialmente activo durante agosto y septiembre de 2020.

Acto de desesperación

Según la agencia rusa Interfax, en el sumario de una las causas penales abiertas contra él se señala que el 15 de septiembre del año pasado «opuso resistencia a la Policía de forma violenta». Fue entonces cuando se produjo su arresto. Se le acusa además de subvertir el orden público, de «desobediencia a las demandas legítimas de los funcionarios del Gobierno» y, la última acusación ha sido por «fraude» cometido, al parecer, en el marco de su pequeña empresa de servicios de alpinismo industrial. Las autoridades niegan que posea licencia para realizar tales trabajos. Es sospechoso también de haber preparado «productos químicos» para ser utilizados contra las fuerzas antidisturbios.

El opositor y excandidato, Andréi Sánnikov, exiliado en Polonia, cree que Latípov se autolesionó en un «acto de desesperación». A su juicio, «hace tiempo que sufre palizas y torturas (…) una prueba más de la naturaleza mortífera del régimen de Lukashenko».

El déspota bielorruso ha obligado a exiliarse a la mayoría de los líderes opositores y los que se quedaron dentro del país están en la cárcel. La ONG Viasna calcula en unos 450 el número de presos políticos actualmente en el país. La represión ha causado muertos y centenares de heridos. Pero Lukashenko proclama que todo el movimiento de protesta está instigado desde Occidente con el objetivo de derrocarle.

Su última fechoría fue secuestrar un avión de la compañía irlandesa Ryanair, el pasado 23 de mayo, al que obligó a aterrizar en Minsk por una falsa alarma de bomba a bordo. El engaño le sirvió para detener al conocido bloguero,
Román Protasévich, y a su novia rusa, Sofía Sapega, ambos en prisión preventiva actualmente. Los dos volaban en el avión de Ryanair entre Atenas y Vilna a través del espacio aéreo bielorruso y lo que menos podían imaginar es que Lukashenko se inventase una amenaza de bomba y emplease un avión de combate para obligar al aparato a tomar tierra en Minsk.

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